miércoles, 2 de octubre de 2013

Mwen se doglover (yo soy un doglover)


Cuando pienso en Haití se me viene a la mente la canción de Michael Benjamin, Ayiti se. Bellas playas, comida exquisita, mujeres hermosas y pienso en un pueblo que pese a todo se las arregla para sonreír y ser feliz. Sin embargo, hay algo de Haití que no me ha gustado y es el trato que tiene este pueblo con los animales. Perros y gatos no son vistos como mascotas, desde mi punto de vista, son objetos que tienen una función. En el caso del perro es de cuidar la casa. En el caso del gato sirve de alimento, y sí, en Haití se celebra todo el año Miaustura.


Ayiti se, canción de Michael Benjamin relata lo que es Haití


A las dos semanas de llegar a la isla, septiembre 2012, conocí a Ale y Puzzy. Dos perritos que le pertenecían a la Madame que me alquilaba la casa. Los voluntarios de América Solidaria vivimos en una casa de dos plantas, en la primera vive la Madame y en la segunda nosotros. Puzzy era el más grande. La primera vez que lo vi estaba amarrado a un poste con una cadena de metal que apenas le permitía avanzar 10 cm. Siempre ladraba y mostraba los dientes. La Madame le daba pan duro, agua y siempre le pegaba. Hablo de él en pasado porque murió en octubre 2012. Alé, la primera vez que la vi, era muy pequeña. Nunca ladraba, estaba suelta, pero no corría mucho. Era una cosita hermosa, toda marrón con cuello blanco que le da una elegancia única, pese a que sea igual a todos los perros haitianos.

Cuando vi a Puzzy y Ale por primera vez me cuestioné a mí mismo. Me involucro o dejo que Alé sufra la misma vida que Puzzy. Entonces con otra voluntaria (Javiera), su tía (Cecilia) y su mamá (Juana) - que estaban de visita en ese  entonces- subimos a Alé por primera vez a la casa. Le intentamos dar leche y no tomó ni una gota hasta que la mamá de Javiera la acarició e hizo que tomara toda la leche que le dimos.


La primera comida de Alé. Gracias Juana por la paciencia y el cariño que le diste a Alé
De allí en adelante comenzó un proceso de domesticación y hacer que nos perdiera el miedo. De a pocos conseguimos que nos moviera la cola, que ladrara (le dimos voz a la perrita), que jugara con nosotros y que pasara toda la tarde-noche con nosotros en la terraza. Sin embargo, como la vida no es color de rosa, descubrimos que Alé estaba enferma. Siempre mueve las dos patas derechas y un veterinario en Chile, que la examinó virtualmente, nos dijo que tiene moquillo (distemper) y nos advirtió que si no seguía un tratamiento había un 80% de posibilidades de que muriese.

La enfermad no fue el único susto que nos dio Alé. 
En mayo 2013 se escapó de la casa por 2 días. Esta es la foto cuando la encontré

Con Javiera conseguimos que nos mandaran medicamentos desde Chile. Tengo que mencionar a Carolina Ceron, siempre la consideraré como la madrina y benefactora de Alé. Sin su ayuda, Alé ya estaría muerta. Ahora la perrita está inmensa, se ha vuelto una señorita. Tiene un par de pretendientes y con Valeria, una voluntaria que vivió conmigo desde abril 2013, pensamos en hacer una campaña para esterilizar y vacunar a Alé. Todavía pienso en hacer esa campaña desde Perú, pero aún no me animo.

Tengo miedo de que un embarazo sea mortal. Sin embargo, lo bueno es que la Madame cambió su comportamiento con Alé, ahora la cuida, la baña, le da de comer. Ya no le pega y ni siquiera ha pensado en amarrarla, ni encadenarla. Estoy muy feliz con ese cambio de comportamiento y que amen a Alé tanto como yo.

La perrita más guapa del Caribe

lunes, 30 de septiembre de 2013

La vida da muchas vueltas

Era una mañana soleada de la quincena de marzo de 2002 y yo comenzaba mi primer año en la Universidad. Recuerdo ese día como si fuera ayer porque conocí a CM, una economista de Arizona que había venido a Lima por una beca del Congreso de los Estados Unidos. ¿Ustedes creen en el amor a primera vista? y sí, suena muy cursi, pero es lo que sentí ese día al verla iluminada por unos rayos solares que me señalaban que debía conocerla.

Muchos de ustedes ya me conocen y saben que por más que me hago el lindo con todas a la hora de enamorar (gilear, jotear o camelar) me da pereza = me cago de miedo y no hago nada. Imagínense entonces eso, pero hace 11 años. Pese a mi pereza, llegué a conocer a CM y salir unas cuantas veces. Era una mina increíble, no solo era guapa, sino que era muy inteligente. La admiraba intelectualmente, no era la típica gringa de las series de Warner, su conversación era muy interesante y la manera cómo veía el mundo me cautivó es por eso que cuando se fue me puse muy triste. Entonces, se puso de moda una canción que me hacía recordarla: Cara luna


Volví a escuchar esta canción en julio de este año en un viaje a República Dominicana y una sonrisa se dibujó naturalmente en mi boca. Me pregunté qué sería de CM. Sin embargo, ahora que miro las cosas en retrospectiva creo que Haití cherie eligió esa misma canción para despedirse de mí. En mi casa no dejaba de escucharla, se puso de moda y la cantábamos en karaoke y a todo pulmón.

No les he contado, pero yo ya tenía dos canciones con Haití cherie. La primera, una canción lentica, y que sería uno de los primeros kompas que bailé. La segunda canción la bailé para navidad de 2012 y era muy movida. Haití cherie sabe que Mwen se romantik (yo soy romántico) y que me gusta la fiesta y en ese dualismo nos movimos durante mi año de romance. Sin embargo, eligió una canción de mi pasado para despedirse. La vida da muchas vueltas, no les parece.

Ahora me pregunto qué será de Haití, ya tendrá otro novio, aún pensará en mí y se le esbozará una sonrisa. Bueno, puede que sea algo vanidoso y me crea muy importante para que aún piensen en mí de esa manera, pero siempre me he considerado un buen novio y no hay motivo para que no me recuerde con mucho cariño.

El soundtrack de esta entrada es "El círculo" de Kevin Johansen  

martes, 23 de julio de 2013

The American way of life vs. la simpleza de Haiti Cherie



The American way of life es esa mina que tanto me gustó, y de pronto me sigue gustando, la hippie pituca. Hace cosas muy divertidas, pero en el fondo de su ser no olvida sus raíces consumistas y comodonas (de buena vida). Mientras que Haití cherie es hippie sin más. Hace cosas muy divertidas, es aventurera y es todo terreno. Donde la pongas encontrará  una manera de ser feliz y bailar.

The uncle Sam
 
Muchos de ustedes se habrán reencontrado con una (un) ex que no veían hace mucho tiempo. Así es como me sentí al llegar a Miami. Me reencontré con mi ex vida, mis viejas costumbres, mi viejo yo. Nunca pensé en llegar a esa reflexión cuando salí de Puerto Príncipe, pero conforme pasa el tiempo me convenzo más de que estoy viviendo la vida que tenía en Lima, pero un chin (un poco) más pituca.

Ha sido muy rico este reencuentro, pero no me fue fácil (re) adaptarme. En (con) Haití cherie he sufrido un proceso de cambio. Me acostumbré, porque no me quedaba de otra, a vivir simple. Me costó mucho al principio, pero descubrí que para ser plenamente feliz no se necesita un yate, una ducha de agua caliente o mucho dinero. Solo necesitas un poco de buen humor con una pizca de actitud positiva y un chin de ganas de aprender algo nuevo.

Ojo, no estoy renegando de mi antigua vida o de la que estoy teniendo en Naples. Yo amé a mi ex vida, pero he madurado en (con) Haití cherie. Veo el mundo de una manera distinta. Me encantan las comodidades, que me consientan y consentir, pero ahora no necesito ser tan consumista para ser feliz.

En Haití cherie tuve una revelación cuando vi una escena de verdadera felicidad con algo tan pequeño, con algo tan barato. Yo aluciné con esa escena. No comprendí – y de pronto no lo comprendo porque no lo he sentido – cómo una empanada de 50 centavos de dólar podría ocasionar real felicidad. Yo siempre hablo del orgasmo gástrico, un término que se acuñó en Lima. Ocasionar esa alegría con un pulpo al olivo me costó 18 dólares americanos. Comparar esos precios me dejó en shock y concluí que esto solo es posible en Haití cherie.

Parecen contradictorios estos dos mundos. He estado peleando con esta paradoja en Haití porque soy un hippie pituco que le gusta la buena vida. Al principio, para soportar tanta limpieza adopté la vida fiesta-siesta. Todos los fines de semana me iba de farra. De esa manera mi vida austera era llevadera. Sin embargo, ahora aprendí a querer esa vida llena de simpleza.  

A modo de conclusión diré… A quién  no le ha pasado esto de querer lo mejor de dos mundos en su vida. No puedo negar mi esencia comodona, pero aprendí que se puede ser feliz sin esas comodidades. Por ello, tendré que decirle a Haití cherie que si no acepta mi American way of life, pues tendremos que terminar y regresaré a Lima en búsqueda de ese justo medio entre esos dos mundos y si no lo encuentro en Lima, me seguiré moviendo por el mundo. 

 

El soundtrack de este post es la canción de Marc Anthony "Vivir mi vida"



lunes, 17 de junio de 2013

Lecciones de Haití cherie: 1. Bon chans!

La suerte está conectada a esos factores externos que no controlamos, a esas cosas que no dependen de nosotros y que a veces pueden serlo todo. En mi soberbia pensaba que uno puede controlarlo todo, que es capaz de manejar cualquier situación si es que está preparado. Bueno, hoy me levanté con ganas de reconciliarme con la suerte. Reconozco que no somos súper hombres y a veces hay que dejar que las cosas fluyan y encomendarnos para que se nos de las cosas de la mejor manera.

Hace mucho tiempo no le deseo buena suerte a nadie. He estado utilizando la palabra éxitos porque creía en que el trabajo de cada uno es suficiente para que las cosas salgan de maravilla. Sin embargo, hoy quiero desear buena suerte porque a veces no basta con el empeño puesto en las labores diarias. Hay ocasiones en que la suerte (chans en creole) es necesaria para que una presentación sea rotunda, para que la magia suceda en los diferentes ámbitos en que nos desarrollamos.

A los aficionados de la tauromaquia nos pasa eso (lo había olvidado). Deseamos suerte y una buena tarde al matador cuando lo vemos. Le mandamos energías para que le toque un toro que permita tener una corrida buena. El torero también pide suerte, se encomiendan con un santo, patrón o matrona de la ciudad para retornar a casa sano y salvo. Hay muchos signos en esta tradición que se conectan con la suerte y eso es lo que me gusta porque ninguna tarde es igual por más que estén los mismos personajes. Lo sé, este ejemplo es muy controversial, pero es parte de mis tradiciones, parte de lo que soy.

Bon chans!/ Bonne Chance!/ Good luck!/ Buena suerte! y bye bye soberbia

Hoy espero que a todas las personas que quiero tengan muy buena suerte en lo que realicen. Sé que muchos le han puesto mucha dedicación en lo que hicieron. Hoy será un día mágico donde las cosas fluirán a favor porque desde algún rincón alguien les manda buenas vibras. Al menos una persona desde Puerto Príncipe lo ha hecho.

Bon chans! y a por un triunfo rotundo.

PD: Ojo, no dejen todas las cosas a la suerte, al azar. Siempre hay que darlo todo y hacer que las cosas sucedan. 


El soundtrack de esta entrada es Lucky Man de The Verve

domingo, 9 de junio de 2013

Se está terminando mi relación con Haití cherie :(

Hace poco cumplí nueve meses en Haití y muchas imágenes se me vienen a la cabeza. La aeromoza peruana regalándome cosas en el avión de Miami a Puerto Príncipe, las caras de Isidora (mi ex zonal), Javiera y Romina (mis roomies) cuando me recibieron en el aeropuerto, el caos de Puerto Príncipe, mi primera visita a un campamento, etc. Sin embargo, la reflexión de que ya me falta poco en esta isla y que quizá deba terminar mi relación con Haití cherie se produjo cuando regresaba a mi casa luego de comprarme la camiseta de prestige, la cerveza haitiana ganadora de dos premios mundiales.

Estaba en el tap tap de regreso a casa con una sonrisa de oreja a oreja porque otra vez me salí con la mía. Tenía la tan ansiada camiseta de prestige. Muchos voluntarios de América Solidaria (AS) quieren esa camiseta y se quedan en yo la quiero, pero al final retornaban a sus países sin ella. Lo mismo pasa con la camiseta de fútbol de Haití. Hace dos semanas la conseguí, y al ver que había cumplido esas metas reflexioné en otros logros que he tenido en esta maravillosa isla. Aprendí a lavar a mano mi ropa, a cocinar, bailar kompa y bachata (no a la perfección, pero un buen intento) y hacer los quehaceres de la casa. Si es que cuando digo que en Lima no hacía nada es porque era textual.

En la fábrica Brana con mi camiseta de Prestige

Estoy enamoradísimo de mi novia Haití cherie. Aunque debería decir de Quisqueya, las dos hermanas gemelas, Haití y República Dominicana, son muy guapas. Cada una tiene su encanto y magia propia. Tanto amor me tiene preocupado porque mi partida es inminente. Retorno a Lima el 27 de agosto y tendré que despedirme de las hermanitas. ¿Cómo termino la relación? O me hago el tonto, el pesado y hago que Haití termine conmigo. Sé que debo vivir el día a día y gozarme Haití lo más que pueda, pero me es inevitable preguntarme por cómo será la mejor manera de decir adiós.

Cómo soy un cabezota cuando me enamoro, estoy intentando quedarme en la isla. He actualizado mi currículo (hoja de vida) para aplicar a trabajos aquí, pero si aparecen ofertas en otros países bienvenidas sean. Comenzaría una nueva aventura feliz y regresaría a vacacionar por este lado del mundo. Ya he tenido la experiencia de un amor a distancia y creo que se puede mantener intacto con visitas y con una buena comunicación. Sin embargo, yo considero que luego de un año de voluntario en Haiti cherie creo que disfrutaría más trabajar en República Dominicana = ligarme a la hermana gemela de Haití. Solo porque habla español, me gusta más la bachata y porque el ron es demasiado bueno.


Que pasará conmigo, con mi relación con Haití, la engañaré con la hermana. No lo sé, ya les iré contando