Era una mañana soleada de la quincena de marzo de 2002 y yo comenzaba mi primer año en la Universidad. Recuerdo ese día como si fuera ayer porque conocí a CM, una economista de Arizona que había venido a Lima por una beca del Congreso de los Estados Unidos. ¿Ustedes creen en el amor a primera vista? y sí, suena muy cursi, pero es lo que sentí ese día al verla iluminada por unos rayos solares que me señalaban que debía conocerla.
Muchos de ustedes ya me conocen y saben que por más que me hago el lindo con todas a la hora de enamorar (gilear, jotear o camelar) me da pereza = me cago de miedo y no hago nada. Imagínense entonces eso, pero hace 11 años. Pese a mi pereza, llegué a conocer a CM y salir unas cuantas veces. Era una mina increíble, no solo era guapa, sino que era muy inteligente. La admiraba intelectualmente, no era la típica gringa de las series de Warner, su conversación era muy interesante y la manera cómo veía el mundo me cautivó es por eso que cuando se fue me puse muy triste. Entonces, se puso de moda una canción que me hacía recordarla: Cara luna
Volví a escuchar esta canción en julio de este año en un viaje a República Dominicana y una sonrisa se dibujó naturalmente en mi boca. Me pregunté qué sería de CM. Sin embargo, ahora que miro las cosas en retrospectiva creo que Haití cherie eligió esa misma canción para despedirse de mí. En mi casa no dejaba de escucharla, se puso de moda y la cantábamos en karaoke y a todo pulmón.
No les he contado, pero yo ya tenía dos canciones con Haití cherie. La primera, una canción lentica, y que sería uno de los primeros kompas que bailé. La segunda canción la bailé para navidad de 2012 y era muy movida. Haití cherie sabe que Mwen se romantik (yo soy romántico) y que me gusta la fiesta y en ese dualismo nos movimos durante mi año de romance. Sin embargo, eligió una canción de mi pasado para despedirse. La vida da muchas vueltas, no les parece.
Ahora me pregunto qué será de Haití, ya tendrá otro novio, aún pensará en mí y se le esbozará una sonrisa. Bueno, puede que sea algo vanidoso y me crea muy importante para que aún piensen en mí de esa manera, pero siempre me he considerado un buen novio y no hay motivo para que no me recuerde con mucho cariño.
El soundtrack de esta entrada es "El círculo" de Kevin Johansen
The American way
of life es esa mina que tanto me gustó, y de pronto me sigue gustando, la
hippie pituca. Hace cosas muy divertidas, pero en el fondo de su ser no olvida
sus raíces consumistas y comodonas (de buena vida). Mientras que Haití cherie
es hippie sin más. Hace cosas muy divertidas, es aventurera y es todo terreno.
Donde la pongas encontraráuna manera de
ser feliz y bailar.
The uncle Sam
Muchos de ustedes
se habrán reencontrado con una (un) ex que no veían hace mucho tiempo. Así es
como me sentí al llegar a Miami. Me reencontré con mi ex vida, mis viejas
costumbres, mi viejo yo. Nunca pensé en llegar a esa reflexión cuando salí de
Puerto Príncipe, pero conforme pasa el tiempo me convenzo más de que estoy
viviendo la vida que tenía en Lima, pero un chin (un poco) más pituca.
Ha sido muy rico
este reencuentro, pero no me fue fácil (re) adaptarme. En (con) Haití cherie he
sufrido un proceso de cambio. Me acostumbré, porque no me quedaba de otra, a
vivir simple. Me costó mucho al principio, pero descubrí que para ser
plenamente feliz no se necesita un yate, una ducha de agua caliente o mucho
dinero. Solo necesitas un poco de buen humor con una pizca de actitud positiva
y un chin de ganas de aprender algo nuevo.
Ojo, no estoy
renegando de mi antigua vida o de la que estoy teniendo en Naples. Yo amé a mi
ex vida, pero he madurado en (con) Haití cherie. Veo el mundo de una manera
distinta. Me encantan las comodidades, que me consientan y consentir, pero ahora
no necesito ser tan consumista para ser feliz.
En Haití cherie
tuve una revelación cuando vi una escena de verdadera felicidad con algo tan
pequeño, con algo tan barato. Yo aluciné con esa escena. No comprendí – y de
pronto no lo comprendo porque no lo he sentido – cómo una empanada de 50
centavos de dólar podría ocasionar real felicidad. Yo siempre hablo del orgasmo
gástrico, un término que se acuñó en Lima. Ocasionar esa alegría con un pulpo
al olivo me costó 18 dólares americanos. Comparar esos precios me dejó en shock
y concluí que esto solo es posible en Haití cherie.
Parecen
contradictorios estos dos mundos. He estado peleando con esta paradoja en Haití
porque soy un hippie pituco que le gusta la buena vida. Al principio, para
soportar tanta limpieza adopté la vida fiesta-siesta. Todos los fines de semana
me iba de farra. De esa manera mi vida austera era llevadera. Sin embargo,
ahora aprendí a querer esa vida llena de simpleza.
A modo de conclusión
diré… A quién no le ha pasado esto de
querer lo mejor de dos mundos en su vida. No puedo negar mi esencia comodona,
pero aprendí que se puede ser feliz sin esas comodidades. Por ello, tendré que
decirle a Haití cherie que si no acepta mi American way of life, pues tendremos
que terminar y regresaré a Lima en búsqueda de ese justo medio entre esos dos
mundos y si no lo encuentro en Lima, me seguiré moviendo por el mundo.
El soundtrack de este post es la canción de Marc Anthony "Vivir mi vida"
La suerte está conectada a esos factores externos que no controlamos, a esas cosas que no dependen de nosotros y que a veces pueden serlo todo. En mi soberbia pensaba que uno puede controlarlo todo, que es capaz de manejar cualquier situación si es que está preparado. Bueno, hoy me levanté con ganas de reconciliarme con la suerte. Reconozco que no somos súper hombres y a veces hay que dejar que las cosas fluyan y encomendarnos para que se nos de las cosas de la mejor manera.
Hace mucho tiempo no le deseo buena suerte a nadie. He estado utilizando la palabra éxitos porque creía en que el trabajo de cada uno es suficiente para que las cosas salgan de maravilla. Sin embargo, hoy quiero desear buena suerte porque a veces no basta con el empeño puesto en las labores diarias. Hay ocasiones en que la suerte (chans en creole) es necesaria para que una presentación sea rotunda, para que la magia suceda en los diferentes ámbitos en que nos desarrollamos.
A los aficionados de la tauromaquia nos pasa eso (lo había olvidado). Deseamos suerte y una buena tarde al matador cuando lo vemos. Le mandamos energías para que le toque un toro que permita tener una corrida buena. El torero también pide suerte, se encomiendan con un santo, patrón o matrona de la ciudad para retornar a casa sano y salvo. Hay muchos signos en esta tradición que se conectan con la suerte y eso es lo que me gusta porque ninguna tarde es igual por más que estén los mismos personajes. Lo sé, este ejemplo es muy controversial, pero es parte de mis tradiciones, parte de lo que soy.
Bon chans!/ Bonne Chance!/ Good luck!/ Buena suerte! y bye bye soberbia
Hoy espero que a todas las personas que quiero tengan muy buena suerte en lo que realicen. Sé que muchos le han puesto mucha dedicación en lo que hicieron. Hoy será un día mágico donde las cosas fluirán a favor porque desde algún rincón alguien les manda buenas vibras. Al menos una persona desde Puerto Príncipe lo ha hecho.
Bon chans! y a por un triunfo rotundo.
PD: Ojo, no dejen todas las cosas a la suerte, al azar. Siempre hay que darlo todo y hacer que las cosas sucedan.
El soundtrack de esta entrada es Lucky Man de The Verve
Hace poco cumplí
nueve meses en Haití y muchas imágenes se me vienen a la cabeza. La aeromoza
peruana regalándome cosas en el avión de Miami a Puerto Príncipe, las caras de
Isidora (mi ex zonal), Javiera y Romina (mis roomies) cuando me recibieron en el
aeropuerto, el caos de Puerto Príncipe, mi primera visita a un campamento, etc.
Sin embargo, la reflexión de que ya me falta poco en esta isla y que quizá deba
terminar mi relación con Haití cherie se produjo cuando regresaba a mi casa
luego de comprarme la camiseta de prestige, la cerveza haitiana ganadora de dos
premios mundiales.
Estaba en el tap
tap de regreso a casa con una sonrisa de oreja a oreja porque otra vez me salí
con la mía. Tenía la tan ansiada camiseta de prestige. Muchos voluntarios de
América Solidaria (AS) quieren esa camiseta y se quedan en yo la quiero, pero
al final retornaban a sus países sin ella. Lo mismo pasa con la camiseta de
fútbol de Haití. Hace dos semanas la conseguí, y al ver que había cumplido esas
metas reflexioné en otros logros que he tenido en esta maravillosa isla.
Aprendí a lavar a mano mi ropa, a cocinar, bailar kompa y bachata (no a la
perfección, pero un buen intento) y hacer los quehaceres de la casa. Si es que
cuando digo que en Lima no hacía nada es porque era textual.
En la fábrica Brana con mi camiseta de Prestige
Estoy
enamoradísimo de mi novia Haití cherie. Aunque debería decir de Quisqueya, las
dos hermanas gemelas, Haití y República Dominicana, son muy guapas. Cada una
tiene su encanto y magia propia. Tanto amor me tiene preocupado porque mi
partida es inminente. Retorno a Lima el 27 de agosto y tendré que despedirme de
las hermanitas. ¿Cómo termino la relación? O me hago el tonto, el pesado y hago
que Haití termine conmigo. Sé que debo vivir el día a día y gozarme Haití lo
más que pueda, pero me es inevitable preguntarme por cómo será la mejor manera
de decir adiós.
Cómo soy un cabezota
cuando me enamoro, estoy intentando quedarme en la isla. He actualizado mi currículo
(hoja de vida) para aplicar a trabajos aquí, pero si aparecen ofertas en otros
países bienvenidas sean. Comenzaría una nueva aventura feliz y regresaría a
vacacionar por este lado del mundo. Ya he tenido la experiencia de un amor a
distancia y creo que se puede mantener intacto con visitas y con una buena
comunicación. Sin embargo, yo considero que luego de un año de voluntario en
Haiti cherie creo que disfrutaría más trabajar en República Dominicana = ligarme a la hermana gemela de Haití. Solo porque habla español, me gusta más
la bachata y porque el ron es demasiado bueno.
Que pasará
conmigo, con mi relación con Haití, la engañaré con la hermana. No lo sé, ya
les iré contando
En abril de 2012
pasé por un período oscuro en mi vida. Era la primera vez que tuve que afrontar
más de una desgracia a la vez. Aunque parezca extraño, es cierto. Mi vida
siempre había sido muy fácil, casi siempre me salía con la mía y hacía las
cosas a mi manera. Sin embargo, los
cinco eventos que me pasaron a inicios del 2012 fueron como un terremoto
interno. Sé que separados podía manejarlos, pero juntos hicieron que me
conflictue, que me cuestionara a mí mismo. Este periodo de incertidumbre en mi
vida hizo que comenzara un camino para conocerme mejor. Empecé a reflexionar
sobre cuáles eran puntos débiles y mis fortalezas. Reflexioné en cómo soy en
diferentes ámbitos de la vida: como amigo, como novio, como hermano, como hijo.
En fin, tuve un ejercicio de introspección que no terminó en Lima, se prolongó
hasta Haití cherie.
Hice millones de
cosas para desconflictuarme cuando estaba en Lima. Ahora considero que esas
cosas me han llevado a ver la vida de una manera distinta, a madurar, a tomar
decisiones como venir a Haití, un país al que nunca pensé en venir. Ojo, solo quiero mencionar de mi post anterior que yo no vine a Haití escapándome
de nadie, ni de nada. Ninguno de esos cinco eventos impulsó una huída, un
autoexilio. Lo único que quería era demostrarme a mí mismo que podía vivir de
una manera distinta, con poco dinero, con esa austeridad que tanto menciona
América Solidaria. Siempre he estado muy pendiente del dinero, y bueno, ahora puedo decir que era un chico plástico haciendo alusión a la canción de Rubén Blades. Por ello, antes
de venir a Haití, y en este proceso de autoconocimiento, cantaba a todo pulmón
la siguiente canción de ZAZ y de los Auténticos decadentes con Julieta Venegas.
En estos momentos comprendo lo que algunos amig@s me decían. “Dios te manda pruebas que sabes que puedes superar”. Vale, no soy el mejor católico del mundo, y probablemente digan que fresco este man, pero en ese momento me servían todos los consejos, aunque no los entendiera, y ese fue uno significativo porque me daba esperanzas de que en algún momento vería una luz al final del túnel. No sé si Dios te manda las pruebas, pero ahora considero que uno puede superar los períodos oscuros, las depresiones, siempre que estés rodeado de buenos amigos, de la familia y sobre todo que uno esté dispuesto a superarlo. Si uno mismo no tiene los cojones para tomar al toro por las astas, pues nadie lo hará por ti, y solo así uno sale de esas pruebas y renace cuál ave fénix.
Los primeros seis meses en Haití cherie me la pasé en una fase muy pasota, alpinchista, I do not mind. No le prestaba atención a muchos detalles, ni a muchas personas. Me comporté de manera light, las conversaciones que usualmente tenía en Lima con mis amigos, no las tenía acá. Tampoco escuchaba a otras personas cuando tenían un problema, cosa que en Lima no pasaba. He sabido dejar lo que estaba haciendo para prestar 100% atención a otros, pero acá recién está pasando eso. Yo considero que tomé esa actitud como un mecanismo de defensa, para no pensar en esas cosas que me conflictuaban y tampoco para relacionar los problemas de otros con mis problemas. Consideraba que de esa manera solo podía pensar en mí y caí en un egoísmo absurdo, aunque pienso que fue lo mejor en ese momento porque no estaba sano, no podía dar ayuda o escuchar a nadie si es que no resolvía mis conflictos primeros.
Imagino que se preguntarán que hizo que cambiara de actitud. Pues simple, al ver que se acercaba el retorno de los “voluntarios viejos” de Haití, y sobre todo el de mi compañera de casa, Javiera, comencé de nuevo a cuestionarme. Comenzó un período de introspección, el cual se produjo exactamente cuando me quedé solo y mis compañeros de casa se fueron a Samaná (en República Dominicana) para ver ballenas. Auto reconocí mis debilidades y tan bien mis virtudes en ese periodo de tiempo que llevaba en la isla. No haré ningún listado, pero para mí es importante darme cuenta de esas cosas porque me permiten trabajar en mis puntos débiles y mejorar mis fortalezas.
Esta nueva fase de auto conocimiento está llegando a su fin luego de la llegada de los nuevos voluntarios. Estoy reacomodándome, re adaptándome al nuevo contexto en el que me encuentro. Ha cambiado mi manera de relacionarme con los otros, aunque no pretendo renunciar a salir de fiesta todos los fines de semana y considerar una reunión monse si es que no se baila (carrete fome, para mis lectores chilenos). Ese para mí es un no negociable porque me aburro de estar encerrado de lunes a viernes en casa. Bailar me distiende mucho, además que amo mucho bailar.
Finalmente, quiero agradecer a muchas personas con las que hablé durante este período de tiempo. Tanto virtual, como face to face. Cada una de esas conversaciones ha sido importante para mí para poder llegar a este momento. Ustedes, mis amigos, son lo más grande que tengo porque la amistad es algo invalorable. Ojo, a la familia la considero como parte de mis amistades (no se sientan excluidos muchach@s). Un agradecimiento especial tiene Haití cherie, vivir acá ha marcado un hito en mi vida, me ha permitido terminar un proceso de auto conocimiento super rico, pero también me ha permitido comprender que ese proceso empezará nuevamente en el futuro y que si de nuevo me conflictuo tengo más herramientas para superarlos y que cuento con personas maravillosas a mi lado.